¿Conviene alquilar un auto para un road trip?
Me lo preguntan seguido: “¿Conviene alquilar auto o me manejo con otros medios?”. Y la realidad es que no hay una respuesta única. Depende del destino, del presupuesto, de cuántas personas viajen y, sobre todo, del tipo de viaje que quieras hacer.
Después de más de 35 años recorriendo el mundo en auto, bus, tren y avión, aprendí que no existe un medio de transporte perfecto para todos los viajes. Hay lugares donde alquilar un auto cambia completamente la experiencia y permite conocer rincones a los que sería muy difícil llegar de otra manera. Pero también hay ciudades donde tener un auto puede convertirse rápidamente en un problema caro e innecesario.
Por eso, antes de reservar, hay algunas preguntas que siempre me hago.
Cuándo SÍ conviene alquilar auto
Para mí, el auto empieza a tener mucho sentido cuando el viaje sale de las grandes ciudades.
Si vas a recorrer zonas rurales, rutas panorámicas, parques naturales o pueblos pequeños, probablemente el transporte público sea limitado o directamente inexistente. En esos casos, tener vehículo propio te permite manejar tus horarios y detenerte donde quieras.
Esto se nota muchísimo en los road trips.
Una cosa es viajar entre Madrid y Barcelona, París y Londres o Roma y Florencia, donde existen excelentes conexiones ferroviarias. Otra muy diferente es querer recorrer pequeños pueblos, playas alejadas, montañas o rutas secundarias.
Lo mismo sucede en Argentina. Para recorrer zonas como la Ruta de los 7 Lagos, la Quebrada de Humahuaca, la Ruta 40 o la Alta Montaña mendocina, tener un vehículo permite hacer paradas que serían mucho más complicadas dependiendo exclusivamente del transporte público.
También conviene analizar cuántas personas viajan.
Si viajás solo, un alquiler puede resultar caro. Pero cuando viajan tres o cuatro personas, el cálculo cambia completamente.
El costo del vehículo, combustible y estacionamiento se divide entre todos. Muchas veces, cuatro pasajes de tren o bus entre varias ciudades terminan costando más que alquilar un auto durante algunos días.
El equipaje también cuenta.
Si estás haciendo un viaje largo y llevás varias valijas, o viajás con niños, subir y bajar constantemente de trenes y buses puede resultar agotador. En auto cargás todo una vez y prácticamente te olvidás hasta llegar al siguiente alojamiento.
Pero para mí hay otra ventaja todavía más importante: la libertad.
Poder cambiar el itinerario sobre la marcha es una de las cosas que más valoro de viajar en auto.
Encontraste un pueblo interesante en el camino: parás.
Viste un mirador espectacular: frenás.
Querés quedarte una hora más en algún lugar: te quedás.
Esa flexibilidad es difícil de conseguir cuando dependés de un tren que sale exactamente a las 17:42.
Cuándo NO conviene alquilar auto
El auto tampoco es automáticamente la mejor alternativa.
Si viajás solo o en pareja y vas a pasar varios días dentro de una gran ciudad con buen transporte público, probablemente sea mejor olvidarte del alquiler.
En ciudades como Londres, París, Madrid, Barcelona, Roma, Tokio o Singapur, por ejemplo, las redes de metro, tren y bus permiten moverse perfectamente sin vehículo.
Además, manejar puede sumar problemas que muchas veces no aparecen cuando estamos planificando el viaje desde casa.
Hay que encontrar estacionamiento, pagar parkings, entender las zonas restringidas al tránsito, respetar regulaciones locales y, en algunas ciudades, atravesar un tránsito bastante complicado.
Incluso podés terminar pagando un auto que permanece estacionado durante prácticamente todo el día.
Otro factor importante son los seguros.
Ese precio espectacular que aparece inicialmente en una web de alquiler no necesariamente es el precio que finalmente vas a pagar.
Cuando agregás seguro, segundo conductor, tasas, impuestos, combustible y algún adicional, el valor puede aumentar considerablemente.
Por eso nunca comparo solamente la tarifa diaria.
El truco que uso para no llevarme sorpresas
Antes de reservar, intento calcular siempre el precio real del alquiler.
No miro solamente cuánto cuesta el auto por día.
Sumo:
- tarifa base del vehículo;
- seguro con una cobertura que realmente me deje tranquilo;
- segundo conductor, si corresponde;
- impuestos y tasas;
- posibles cargos por devolución en otra ciudad;
- estacionamientos;
- combustible;
- peajes.
También reviso cuánto cuesta devolver el auto con el tanque lleno frente a contratar combustible prepago.
Muchas veces la famosa tarifa “desde 25 dólares por día” termina bastante lejos de esos 25 dólares cuando llegás al último paso de la reserva.
Por eso comparo siempre en al menos dos plataformas diferentes y, cuando encuentro una buena tarifa, también reviso directamente la página de la compañía de alquiler.
Hay otro punto que considero fundamental: la franquicia del seguro.
Dos alquileres pueden ofrecer aparentemente la misma cobertura, pero tener franquicias completamente diferentes. Una tarifa económica puede dejarte expuesto a pagar cientos o incluso miles de dólares ante determinados daños.
Antes de confirmar, conviene saber exactamente qué está cubierto y qué no.
Ojo con las reglas de tránsito
Antes de alquilar también recomiendo investigar mínimamente cómo se maneja en el destino.
No alcanza con saber conducir.
Hay países donde se maneja por la izquierda, ciudades con zonas de circulación restringida, autopistas con sistemas electrónicos de peaje y lugares donde estacionar incorrectamente puede terminar en una multa importante.
También hay destinos donde personalmente prefiero no manejar porque el tránsito es demasiado caótico.
El objetivo de alquilar un auto es tener más libertad, no sumar estrés al viaje.
Auto versus tren o bus: hacé la cuenta completa
Hay un error bastante habitual: comparar solamente el precio del alquiler contra el precio de un pasaje.
La comparación debería incluir todo.
Por ejemplo, si un tren cuesta 40 dólares por persona y viajan cuatro, el costo real son 160 dólares. Si el auto cuesta 70 dólares más combustible y estacionamiento, posiblemente sea competitivo.
Pero también funciona al revés.
Si viajás solo y existe un tren rápido que te deja directamente en el centro de la ciudad, probablemente pagar alquiler, combustible, peajes y parking no tenga ningún sentido.
También está el factor tiempo.
Un tren de alta velocidad puede cubrir en dos horas una distancia que en auto requiere cuatro o cinco. En cambio, para llegar a un pequeño pueblo quizás necesites combinar dos trenes y un bus, mientras que en auto llegás directamente.
No existe una fórmula universal.
También podés combinar las dos opciones
Esta es una alternativa que uso muchísimo y que muchas veces resulta ser la mejor.
No hace falta elegir entre “todo el viaje en auto” o “todo el viaje en transporte público”.
Podés llegar en tren o avión a una ciudad grande, pasar algunos días recorriéndola sin vehículo y recién después alquilar un auto para hacer un road trip.
Por ejemplo: recorrer una capital durante tres días utilizando metro y buses, y alquilar el vehículo solamente cuando salís hacia pueblos, montañas o zonas rurales.
De esa manera evitás pagar días de alquiler y estacionamiento que realmente no necesitás.
Mi regla rápida para decidir
Después de tantos viajes terminé usando una regla bastante sencilla.
Si el itinerario conecta más de dos destinos fuera de las principales rutas de transporte público, empiezo a mirar seriamente el auto.
Y si además viajan tres personas o más, generalmente el alquiler se vuelve todavía más conveniente.
En cambio, si el viaje está concentrado en una o dos grandes ciudades con buenas conexiones ferroviarias y transporte urbano eficiente, normalmente dejo el auto afuera del plan.
Y hay una última pregunta que para mí termina definiendo todo:
¿Quiero solamente llegar al destino o quiero disfrutar también del camino?
Cuando el camino forma parte del viaje, el auto tiene una ventaja difícil de superar. Permite improvisar, detenerse, cambiar de ruta y descubrir lugares que probablemente nunca hubieran aparecido en el itinerario original.
Cuando lo importante es simplemente trasladarse de una gran ciudad a otra de la manera más rápida y cómoda posible, un buen tren casi siempre gana.
Al final, no se trata de defender el auto o el transporte público. Se trata de elegir la herramienta que mejor funcione para ese viaje en particular.
Y esa decisión, tomada antes de salir, puede ahorrarte bastante dinero, varias horas de viaje y, sobre todo, unos cuantos dolores de cabeza.